miércoles, 4 de marzo de 2026

Venturas y desventuras en un océano de mares...

Por JMAP.

¿Acaso logre el “albedo” o el alabastro será la segunda fase?

Sea como fuere, no desistiré en ello, una vía abierta y laboriosa... Quizá Venus y Selene conozcan la respuesta u, otros regentes, aún cuando no sea menester, pues sólo, nós, disponemos la casa, desposeídos de toda necesidad de materia, porque aquello que es realmente intangible, transmuta y permanece mas, previamente, es preciso sentir el fractal reducido. De otro modo, la confusión y el rapto están constantemente en el Ser... ¿Por qué temer introducirse en el crisol? ¿Acaso el temor al dolor?

Sigo sin entendimiento en este conflicto: juicio y torre son recurrentes y se atisba un sigilo, la solución oculta y anhelada. Probablemente, sean elucubraciones de alguien ligeramente menesteroso que tiende, en un instante, a un ente presuntusoso.

La decisión está tomada pero, la duda permanecerá, ¿eres una parte de mí y participo en ti o, una mera ilusión, fruto de inquirir una vía, que se hace yerma?

El comienzo del año, plenamente argentado, sea amparo a nuestras “súplicas inconscientes” o ufano sistema, en los mares de arriba, para auxilio de los entes que contemplamos la belleza de los regentes... Así, se me ha sugerido que tome aquello que será útil, pese a que no sea claro, tomando consciencia, con cautela y, abandonar, con firmeza lo nefasto, aunque se hallara en lo más abismal. Impertérrito, tomando un escoplo y extirpando lo perecedero y que daña a la fuerza.

Entre todas esas cosas, debo atender a Marte y honrar a Venus y, con asertividad colocarme en donde me corresponde —¡porque no puede ser de otro modo!—. No obstante, aquí entrego unas palabras, porque mi corazón es grande aunque tu camino sea otro...

Cara de luz, cerúleo y garbo,
Aura de Levante y, céfiro añil.
En romance muda el rasgo...
Decúbito me hago con merced sutil,
igual que acoje el Miño al Sil.

Ufano y saciado, con manjar amargo,
errante y Luna, me guía a su redil,
deleite de mi alma, licor que alargo,
emerge y muta, a veces, candil.

Desaire y brisa, acepto y trago,
en ella yace mi amor pueril,
por ella alzo mi copa y cargo,
con ella labro el marfil,

sin ella...

Su faz, su voz y su paz...
Viven en mi corazón
de varón pertinaz.



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